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La muñeca ideal para nuestra generación
Barbie meets Platón
Por: José Ignacio Scasserra, Juan Puerto
Entre las interpretaciones sobre la película de la muñeca más famosa del mundo, la comparación con la narrativa de Matrix es de las más difundidas. Sin embargo, el copyright original de su trasfondo argumental pertenece al gran filósofo griego. Barbie no leyó a Platón (por suerte). No obstante y quizás por eso mismo, su personaje nos permite pensar formas no hegemónicas de filosofar y, tal vez, hasta más adecuadas para nuestra generación. Salir de la caverna a la que estamos encadenados no tiene por qué consistir en una epifanía individual. Pepe Scasserra nos cuenta por qué.
agosto 2, 2023

Estamos ante un acontecimiento: funciones agotadas, redes sociales explotando, locales de ropa que ponen sus productos rosas en vidriera. Hace muchísimo que un producto no marca una época como lo está haciendo Barbie. Este tipo de películas-acontecimiento trascienden las dos horas en pantalla. Imponen una estética, aglutinan artistas de la época (¿Dua Lipa y Tame Impala juntos? ¿posta?), y abordan temáticas que interpelan a una generación desde el ingenio y la ironía. 

Ya hubo psicoanalistas, cineastas, guionistas, militantes y fanáticos tardíos hablando del tema. Se puede decir de todo sobre la peli de Barbie. Entre toda la maraña virtual que rodea la película, este meme me llamó la atención:

¿Barbie con Platón? Más despacio, cerebrito.

Barbie en la Caverna

La lectura filosófica desde el pensamiento platónico está un poco regalada: la película propone dos mundos: el mundo real y el mundo de Barbie. En el mundo de Barbie, los personajes viven convencidxs de que las barbies liberaron a las mujeres de todo tipo de opresión. El cine estalla en risas, divertido ante la inocencia que, como generación, alguna vez compartimos de que la opresión podía acabarse de un día para otro. En efecto, la peli se ríe, y mucho, del feminismo institucional, progresista, salvífico, que habita los espacios de poder. 

Al salir de ese mundo, e ingresar en la realidad, Barbie descubre que nada de lo que Mattel les había hecho creer era real, y que las mujeres son cosificadas, violentadas, silenciadas en un mundo que sigue siendo machista y androcéntrico. 

Volvamos, un segundo, a esa clase de filosofía de la secundaria donde seguramente te dormiste. Aviso: voy a ser groseramente injusto con Platón (no será la primera ni la última vez):

Platón propone el “Mito de la Caverna” para explicar su sistema metafísico. En la caverna hay hombres encadenados, que son forzados a observar sombras de objetos que se reflejan por un fuego que hay colocado detrás de ellos. Así, los prisioneros conocen la sombra de los objetos, pero no los objetos reales. 

Cierto día, un prisionero logra escapar. Sale al mundo real y descubre que lo que tenía por verdadero era una copia, una ilusión. Fuera de la caverna ve el mundo tal cual es, los objetos en sí, y ya no sus sombras. Entonces regresa a la caverna a liberar a sus compañeros.

Vamos, pues, a la analogía: las cadenas son los sentidos, que nos atan a la caverna, que es el mundo sensible, terrenal. Las sombras son los objetos materiales, que, para el pensamiento platónico, no son más que copias de la idea. Al salir de la caverna se ingresa al mundo verdadero, que es el mundo de las ideas. Lo material es ilusorio, las ideas son lo real. 

Es decir, esta mesa, en la que apoyo mis manos en este momento, no es sino una copia de la idea de mesa, ideal, perfecta y real. Para que existan mesas es necesario que exista primero la idea de mesa, que la sustenta. Sólo aquél que sale de la caverna, y ve las ideas, puede regresar al mundo, y gobernarlo.

Me tomo un segundo para decir que realmente no sé por qué los filósofos somos tan injustos con Platón, siendo que nos quiso hacer reyes. Seguro se ganaba mejor que en CONICET. 

¿Listo con Platón? Perfecto. Volvamos a Barbie.

Como ya adelanté, Barbie vive en un mundo perfecto, soñado (puntos para la escenografía, parece que no usaron croma, todo real, toro probado). Dentro de ese mundo, las barbies creen que ellas liberaron a las mujeres del mundo real por haberlas convencido de que podían ser lo que ellas quisieran.

El conflicto inicia cuando nuestra protagonista (“Barbie estereotípica”) empieza a salir de su rol. Piensa en la muerte, las cosas no le salen a la perfección, sus pies se aplanan y hasta ¡tiene celulitis! Descubrimos entonces que se ha producido una fisura entre los dos mundos, que hay un problema con la nena que está jugando con Barbie Estereotípica, y que la protagonista tiene que viajar al mundo real para enmendar esa falla. 

Sin pensarlo mucho, Barbie viaja acompañada de Ken. Y acá es donde la analogía con Platón se pone especialmente interesante, porque cada personaje hará su propio recorrido a partir de lo que descubre al “salir de la caverna”.

Dos soluciones platónicas

Por su parte, Barbie se desilusiona, se conecta con el dolor, y se da cuenta de que ella no es ni representa lo que imaginó que era y representaba. Mientras tanto, Ken descubre que en el mundo real los hombres gobiernan. Se da cuenta de lo encadenado y alienado que vivió toda su vida. Se fanatiza con el patriarcado (la palabra no es mía, la dice él literalmente). 

¿Qué sucede entonces? Al regresar al mundo de Barbie, la protagonista descubre que Ken ha instaurado un régimen machista y androcéntrico, haciendo que los Kens subyuguen a todas las barbies. Y es por eso que, de haber una analogía con Platón, esta aplica en primera instancia a Ken, y tiene todo el sentido que así sea.

Revisemos: Ken vive alienado. Toda su existencia se subyuga a Barbie. Todo su deseo es agradarle, existe por ella. Sale del mundo de Barbie/caverna y descubre el mundo real, donde las mujeres no subyugan a los hombres, sino viceversa. Ken entonces regresa al mundo de Barbie/caverna y libera a sus compañeros de las ataduras que los alienan, y se convierte en el rey/filósofo. Su recorrido es exactamente igual al del prisionero de la caverna.

Entonces, ¿por qué mirar la película con lentes platónicos? Porque no solamente nos permite entender a Ken, sino también, porque nos da un contrapunto interesante con Barbie. Ambos personajes “salen de la caverna”, es decir, se conectan con el filosofar, pero sus respuestas son radicalmente opuestas. Y creo que, en esto, se ponen en juego al menos dos modos de comprender la labor filosófica, y que se cristaliza en el recorrido de Barbie, y de Ken.

Como ya dije, Ken es el filósofo que descubre la verdad, se ilumina con ella, y gracias a esto, puede salir al mundo y gobernar. Es lo que, en filosofía, llamamos un pensamiento que fundamenta. No es forzar mucho las cosas decir que este modo de hacer filosofía, en cierto canon androcéntrico, es inaugurado por Platón. No propone, descubre. No critica, fundamenta. No construye, impone. 

En el caso de Barbie, lo que encontramos es un modo de la interrogación, del ensayo y del error, también presente en el pensamiento platónico. No dejemos de reconocerle su invención de la mayéutica, el método por medio del cuál se da a luz a la verdad a partir de la pregunta.

(Recuerdo una vez más que esta es una versión simplificada de un pobre Platón que tiene mucho más para darnos, pero en otra ocasión).

Barbie tiene su esquema de cómo el mundo debería ser. Se dirige al mundo y ve que no es de esa manera. Advierte a sus compañeras, busca combatir el orden patriarcal impuesto por Ken, y en ese proceso colectivo, encuentra su propia transformación. Porque, como dictamina el desarrollo del personaje, no se puede regresar al orden previo. En el recorrido, los personajes han cambiado, y ahora, ni el mundo ideal de Barbie parece suficiente. Discutir un nuevo orden se vuelve necesario.

Hasta acá, pareciera que la película entonces nos muestra una oposición entre un patriarca androcéntrico y una mujer crítica que resiste. Así sería si estuviéramos ante un producto simple. Pero la narrativa que nos propone Barbie es tan rica que, si bien desde la filosofía podemos encontrar esos dos momentos, los personajes presentan ambivalencias fuertes. Barbie necesita disculparse con Ken por haberlo cosificado por tantos años. Ken necesita realizar un proceso de descubrimiento interior para preguntarse qué es lo que realmente quiere ser, prescindiendo de Barbie.

Como se ve, la analogía platónica no funciona del todo. Pero sí nos permite pensar que, si hay algo de lo que Barbie viene a reírse, es del pensamiento basado en grandes descubrimientos. Quien descubre es Ken, no Barbie, y eso desencadena una distopía de superioridad masculina. Por el contrario, Barbie propone, se equivoca, se rinde, vuelve a empezar. Allí radica su capacidad de transformarse a ella misma.

Quizás sea por eso que la película está pudiendo hablar directamente con nuestra generación, una generación rota. Estamos hartxs de soluciones mágicas que no funcionan y figuras salvíficas. Las solemnidades nos caen mal, la ambivalencia nos excita, y por nada del mundo queremos seguir viendo oposiciones del bien contra el mal. Por eso es posible extraer, de Barbie, una apuesta filosófica para toda una generación. 

Como ya dije, la película no deja de reírse, una y otra vez, del feminismo institucionalizado, de la obsesión por los cupos y la inclusión tokenística. Pero también de los Tinchos-Ken, de la frivolidad de las barbies, de los CEO’s y de la carrera exitista. Quizás su sabiduría radique en desmerecer las soluciones mágicas, los grandes descubrimientos, el conocimiento totalizante. Quizás por eso nos interpele como generación: porque sabemos que ni el mundo roto de la realidad, ni el mundo perfecto de las barbies, tienen nada para ofrecernos.

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