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FCLH
Por: Enoe Moya, Tierra Roja
Lucha y política se creían hasta ahora elementos de una dimensión exclusivamente humana. ¿Pero es realmente así? La realidad siempre inabarcable nos muestra una vez más que no somos tan especiales cuando un grupo de roedores se organizan para enfrentar al chetaje que les robó sus tierras. Rich people, negocios inmobiliarios, mascotas de marcas y la más grande organización capibara jamás vista, además de ser factores que conforman un mapa de fuerzas en pugna, protagonizan la siguiente historia.
agosto 26, 2021

Las acciones comenzaron al sur de los cantris. Los primeros indicios fueron los pelitos marrones que quedaban por ahí, las mordidas en las puertas y las manchitas de barro y agua en los jardines del césped de lxs chetxs. Un viejo que vivía solo ya lo había advertido. Contó que por las noches no podía dormir porque lxs escuchaba organizarse y discutir cada una de sus acciones. “Van a venir por todo” escribió en el grupo de whatsap que lxs vecinxs miraban en sus teléfonos de altagama. Nadie lo escuchó, era imposible. “Un viejo, aburrido, solo en esa mansión al lado del río. Está delirando, está delirando” se repetían lxs respetables vecinxs que habitaban las tierras ganadas a los humedales. Un fantasma recorría los cantris del nordelta, el fantasma de los carpinchos.

El primer ataque consistió en una sigilosa invasión a través del río. En una noche sin luna, y sin estrellas, un grupo de carpinchos, luego de evaluar la situación con paciencia metódica, decidió ingresar en la propiedad privada de lxs respetables vecinxs. La idea era, luego de meses de cálculo, corroer las plantas, escrachar los pisos y llenar todo de pelos. Se podría decir que las primeras acciones fueron consideradas un éxito. Sin embargo y luego de repetirlas varias veces se mostraron insuficientes. Los medios titulaban: “invasión de carpinchos en nordelta”. Mientras mostraban imágenes graciosas de los animalitos. Eso hizo pensar a los carpinchos que la lucha debía darse no solo en el plano de las fuerzas materiales, sino también en el ideológico y comunicacional. Así fue que días después de la primera operación y cuando todo parecía haberse calmado, las primeras luces del sol alumbraron bajo las puertas de las acaudaladas casas un volante que había sido meticulosamente dejado ahí. Y no solo eso, a las 8:30 de la mañana el grupo de whatsap de lxs vecinxs recibió un mensaje.

Algunxs conchetxs rieron de forma nasal y otrxs ocultaron su angustia mientras se escuchaban algunos llantos lejanos. Ese día nadie dejó su casa, lxs chicxs no fueron a la escuela, y la policía recibió llamados al punto de que la línea fue saturada. En un absoluto silencio y en medio de la tarde llegó un segundo mensaje al grupo de lxs chetxs de nordelta.

“Tienen hasta hoy a las 00:00 hrs. para abandonar sus casas. Los humedales no se negocian.” 

En ese momento ya no se escucharon risas. El aire se tornó espeso, nadie se animaba a escribir en el grupo de whatsap. Y el teléfono de la policía ya no tenía tono, era como si alguien hubiese roído los cables de comunicación.  Lxs chetxs se aseguraron de que las señoras que “ayudaban en la casa” se quedasen afuera vigilando y que ese día no regresaran a sus casas en el conurbano africanizado. Otro tanto decidió hacer caso al mensaje y viajar un tiempo, al menos hasta que todo pase al país vecino, donde según los medios los carpinchos respetan la propiedad privada y no como acá que son todos unos negros y hacen cualquiera.  

Llegó la noche finalmente. Nadie durmió. La policía se acercó a la puertas de los cantris, y apenas miraron por encima de la ventanilla. En ese momento muchxs que laburaban como seguridad de lxs chetxs aprovecharon para subirse a la camioneta de los polis y tomarse el palo. 

Se hizo de día y Juanita que estaba de visita en lo de su tía se apresuró a abrir la puerta después de pasar una noche de encierro y miedo. Todo estaba igual, como siempre. Miró todo el verde de su caja de privilegios y se alegró de estar ahí, pero faltaba algo. Cinthia gritó al ver que “Rey Henry” no estaba. La tía salió de la casa, mientras lxs demás vecinxs veían con horror el mismo hecho. Rey Henry, Tino, Princess Dian, entre otros perros y gatos no estaban. Y otra vez un caminito de pelos y barros delataba al responsable. 

 Las notas pegadas en los árboles y casa de perros y gatos decían lo siguiente:

“Si quieren volver a ver a los palurdos con vida, váyanse. No llamen a la policía no van a atender. Tienen 6 horas. Los humedales no se negocian”         

Gritos y gritos salían de los chalets, una orquesta de horror revolvía las aguas marrones del tigre, mientras la sensación de estar viviendo una maldición bíblica llenaba de espanto el cuerpo de las buenas gentes. El llanto y el miedo lo recorrían todo. “Monstruos, los carpinchos son monstruos”.

Rápido se comenzó a comentar en las redes sociales que los carpinchos guardaban conexión con lxs médicxs cubanxs, mientras que serixs panelistas de la tv sostenían que en realidad todo era una estrategia del mapuchekichnerismoanarquista de siempre. En los diarios, lxs escribas concluían con lucidez que todo esto es otra consecuencia de la cantidad de gasto público e impuestos que hay en la Argentina; algo que, como los carpinchos, no pasaba en otra parte del mundo. 

El caos no se hizo esperar, todxs querían abandonar el sur del nordelta. Salían desesperadxs amontonando sus hailucs en las entradas de los cantris, lxs más atentxs atinaron a llevarse a sus mukis en el baúl de la camioneta. En unas horas el sur estaba limpio de chetxs. Los carpinchos salían del agua y pisaban lo que antes había sido de ellos. Se miraban victoriosos mientras hacían ese sonido raro que hacen los carpinchos. Habían ganado una batalla. Todo iba a ser más difícil ahora. Lxs buenxs vecinxs del norte ya habían tomado nota de lo que estaba pasando. Tenían miedo, mucho miedo y los carpinchos sabían que no hay nada más vil y tramposo que unx conchetx con miedo. Sin embargo, no se podía retroceder, tomar el norte iba a llevar mucho más tiempo y mucha más sangre. Pero ya no había excusas, estaban lanzados a la batalla; sus vidas ya no les pertenecían. La nueva etapa requeriría de más organización, de aumentar la cantidad de militantes, conseguir fierros y armar una comisión de mística carpincher. Nació esa misma tarde el FCLH (Frente carpincho para liberación del humedal).

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