Artículo
El desierto blanco
Estado e imaginación III
Por: Carlos Godoy
El escritor Carlos Godoy nos invita a recorrer las representaciones, fantasías y narraciones provocadas por el continente blanco. Desde el medioevo hasta CFK y contra el analfabetismo antártico Godoy propone pensar a la conquista de la Antártida como la historia oficial de nuestro país.

Llamado por el agua sólido

La construcción de un Estado requiere de un componente imaginativo que vuelva mítica una tierra, un territorio vacío. El estado de Israel debió ser imaginado por millones de judíos antes de que se consolidara y de hecho, esa consolidación, es quizás la mayor discusión que hoy podemos encontrar dentro del judaísmo. Los países latinos antes de ser países fueron proyección de deseos imaginativos delirantes y mágicos que movilizaron a los conquistadores hacia la ocupación final. 

En las anteriores entregas de Estado e Imaginación vimos como el desierto es una figura imaginativa determinante en la construcción del Estado argentino. El significante vacío a completar con: relatos, imágenes e ideas. 

La imaginación, ya sea como proyección de un futuro o como evasión de un presente, siempre se monta sobre el eje cartesiano del tiempo. El Estado argentino desde su reconocimiento por la comunidad internacional fue leído como un Estado en disputa permanente por su territorialización. La herencia adquirida, el deseo modernista y la envidiable ubicación fue motivo de invasiones y pujas aún irresueltas como el caso de las Islas Malvinas, que forman parte de la plataforma continental, o del Sector Antártico Argentino en el cual hay una ocupación ininterrumpida por parte del Estado argentino que ahora está cumpliendo 120 años, la mayor ocupación por un estado en el continente blanco. 

Cada estadista monárquico que tuvo este país supo, a su modo, configurar un desierto sobre el que desplegar sus neurosis mandatarias y cimentar un proyecto de país. 

Si los gobiernos de Juan Manuel de Rosas y Julio Argentino Roca cumplieron la misión de anexar el territorio patagónico al Estado argentino, los estadistas Juan Domingo Perón y Cristina Fernández de Kirchner, sentaron los lineamientos para que el Sector Antártico Argentino hoy represente una batalla en el terreno de la disputa por el sur global.

La máquina paranoide

Luego de más de seis siglos de exploración humana quedan muy pocos lugares vírgenes en el planeta tierra. Sobre la superficie quedan algunas zonas boscosas en Canadá, en la tundra de Groenlandia y en la ladera de la montaña Chin Hills-Arakan Yoma en la Birmania occidental de Myanmar. Algunas zonas selváticas en el Amazonas, en la República Democrática del Congo y en Indonesia. En altura, la montaña Gangkhar Puensum en el Himalaya de Bután. En el mar hay más lugares inexplorados pero el más notorio es la Fosa de las Marianas cerca de Japón en el Océano Pacífico, cuya profundidad aún se desconoce aunque se llegó a documentar una máxima de 10.984 metros bajo el nivel del mar en el Abismo de Challenger. 

Pero aún resta un lugar más: la Antártida. Un continente del tamaño de América del Norte que no es una masa de hielo que flota en el mar como el Polo Norte, es con-ti-nen-tal. Eso quiere decir que se trata de tierra -que alguna vez fue una selva tropical- y sobre la cual se puede cultivar y en la que seguramente haya minerales, petróleo, y quién sabe qué más bajo los 6 kilómetros de hielo que se elevan sobre su superficie y que año a año, al deshacerse, libera secretos, misterios y mucha literatura. 

Juan Terranova en su texto sobre capitalismo, internet y paranoia del siglo XXI llamado Todos los fantasmas del sur configura una constelación desde la que partir: 

“Como continente tardío, inaccesible, que entró hace muy poco en nuestra historia (intuido desde siempre pero explorado con más rigurosidad recién en el siglo XX), la Antártida fue y es un lugar fecundo para imaginar. Los mejores y más perdurables libros sobre la Antártida fueron escritos por autores que jamás la visitaron. (Aunque los que la visitaron también escribieron libros excelentes y lo hicieron –esto no es paradójico– usando su imaginación.)”

Un Estado, un territorio, al igual que un libro, primero debe ser imaginado antes que ocupado, consolidado construído. Dicho de otro modo: toda ocupación empieza con la imaginación.

El rap de la Antártida

En la década del 2010 en la televisión empezaron a repetir una noticia que los portales y las webs replicaban de a miles y miles de notas. Un cibernauta junto a un grupo de científicos estadounidenses y europeos habían descubierto, navegando con el Google earth, unas pirámides similares a las de Egipto que, debido al calentamiento global y al derretimiento de los hielos, comenzaban a asomarse en las coordenadas 79°58’39.25″S 81°57’32.21″W de la Antártida. 

Un par de años después, en el 2016, finalmente se llegó a la conclusión de que se trata de uno de los picos de los Montes Ellsworth, una formación que se extiende a lo largo de cuatrocientos kilómetros bajo el hielo antártico. 

Aún así la maquinaria paranoica nunca terminó de aceptar la explicación. Y las hipótesis de que esa pirámide es indicio de antiguas civilizaciones con tecnologías anacrónicas no dejan de hacerse presentes. Es más, hace unos meses, esta noticia se volvió a reflotar. 

Seguramente se pueda dar inicio al proyecto paranoide antártico en la Operación Highjump dirigida por el Almirante Byrd.

El programa naval norteamericano The United States Navy Antarctic Developments Program, envió el 2 de diciembre de 1946 desde el Canal de Panamá una mega expedición a la Antártida con el objetivo de localizar bases nazis o más bien, con el dato de que Hitler estaba vivo en una base que supuestamente los alemanes fundaron durante el nazismo llamada Nueva Besarabia. La Task Force 68 estaba compuesta por 13 naves, entre rompehielos, destructores, cargueros y buques tanques de aprovisionamiento, lanzadores de hidroplanos, un buque de comunicaciones, un submarino, el Sennet, y un portaaviones, el Phillipine Sea; con un total de 4.200 efectivos. La misión se comunicó como un entrenamiento de la armada norteamericana en condiciones climáticas extremas y también como una misión para expandir las fronteras de la soberanía estadounidense. Y eso es lo que retrató el documental de 1948 The Secret Land que ganó el Oscar ese mismo año. 

A meses de su partida la misión aparentemente fracasó y solo emprendieron el retorno unos pocos marinos en sus naves. Las explicaciones fueron, y es lo que muestra la película ganadora del Oscar, las inclemencias climáticas. Pero la máquina paranoica dice que cuando la flota llegó a la plataforma de Ross salieron desde las profundidades del agua unas naves extrañas con forma circular que se movían con agilidad y despedazaron a la flota del Almirante Byrd en minutos. Lo que sigue se pone mejor. El Almirante Byrd desde su avión fue guiado por seres extraterrestres que lo llevaron a través de un portal a un nuevo universo que se encuentra dentro del planeta donde hay animales extintos, mucha vegetación y un dulce calor primaveral. Todo esto está escrito en un supuesto diario escrito por el mismo Almirante. Muchos dicen que es apócrifo, muchos que es real. Lo cierto es que desde aquí nacen las teorías modernas de la tierra hueca y de la tierra plana. El escritor Amadeo Giannini evoca a este diario en su libro World Beyond The Poles (1959) y también el escritor Raymond Bernard en su libro The Hollow Earth. The Greatest Geographical Discovery in History de 1969. 

Las versiones modernas de la tierra hueca y la tierra plana tan en boga en la actualidad nacen con Byrd porque también hay versiones pre modernas. Sobre todo las condensadas en tres mapas, porque si empezamos a abrir ventanas se despliega un universo mágico-esotérico-conspiranoico que no se termina nunca más.

Piri Reis

En 1929 en Estambul, Turquía, el Palacio de Topkapı pasó a ser el Museo de obras antiguas. Durante el trabajo de catalogación de documentos del imperio otomano unos investigadores encontraron un fragmento de un mapa dibujado en cuero de gacela. Estaba firmado por Piri Reis y databa del año 1513. Lo sorprendente es que el mapa muestra las costas del oeste de África, las del este de Sudamérica y las del norte de la Antártida, pero la Antártida recién fue descubierta 300 años después, en 1818. Además incluye partes de la costa antártica sin hielo, algo sumamente extraño, porque esas costas no tuvieron hielo unos 6 mil años antes de la elaboración del mapa. Y también incluye animales mitológicos y extraños como seres con el rostro en el pecho.

Urbano Monti

Hasta la aparición del mapa de Piri Reis, el mapa del geógrafo milanés Urbano Monti era el más antiguo. Data de 1587 y, a diferencia del de Piri Reis, está conservado en su totalidad. Tiene la particularidad de ser un mapamundi que incluye todo lo conocido e incluso zonas desconocidas cruzando la Antártida. Recientemente google hizo un montaje 3D del mapa aplicando la forma terráquea con su inclinación y la máquina conspiranoica manifiesta que están blureadas las tierras que se encuentran, según el mapa, luego de la Antártida.

Oronce Finé

En 1531 Oronce Finé publicó en París un mapa llamado Nova et Integra Universi Orbis Descriptio. El mapa es un planisferio, es decir, una representación de toda la superficie de la tierra tal como era conocida por aquel entonces, y es aquí donde radica su misterio porque en la parte derecha, Finé dibujó lo que parece ser el continente antártico en su totalidad y, al igual que los anteriores mapas, bastantes años antes de que fuese oficialmente descubierto.

Una mitología crasa

¿Qué hay para decir de estos tres mapas antiguos donde la Antártida aparece como una tierra plagada de misterios? ¿Qué podemos intuir de los relatos de entre guerras del Almirante Byrd que incluye nazis, ovnis y que es la plataforma conspiranoica para la tierra plana/hueca? Nada. ¿Qué vamos a decir? En todo caso podemos pensar en cómo utilizar todos esos relatos fantásticos y delirantes en pos de la creación de una mitología propia y vernácula que parte de una historia cero porque no hay nativos, no hay conquistadores, no hay humanos más que nosotros, los argentinos, que fuimos los primeros en ocupar esas tierras de manera permanente. También fuimos los primeros en llegar al Polo Sur por tierra en el año 1965 durante lo que se conoció como la Operación 90 bajo el liderazgo del Coronel de caballería Jorge Edgar Leal, 10 soldados abordo de 6 tractores Tucker Sno-Cat que se sometieron a una aventura delirante comparable a la que encarna Leonardo Di Caprio en la película The revenant que le valió el Oscar en el 2016.

Y a esto hay que agregarle un dato, EL DATO, total. El 7 de enero de 1978 nació en el Fortín Sargento Cabral de la Base Esperanza el primer humano documentado en el continente antártico. Se trata de Emilio Marcos Palma y por su nacimiento se encuentra en el libro de los récords Guinness pero más allá de lo anecdótico del récord es un hito en la exploración antártica y sienta un antecedente determinante en la jurisprudencia.

El Estado y la Antártida se amaron

Para pensar en el vínculo entre el Estado argentino y la Antártida es necesario dedicarle unas palabras a un personaje quizás igual o más importante que Roca, Rosas o José de San Martín para la construcción de soberanía nacional. Se trata de Francisco Josué Pascasio Moreno, más conocido como Perito Moreno. Es recordado principalmente porque en 1903 tuvo la visión de donar tierras para la creación de Áreas protegidas públicas -un modelo de conservación de la flora y la fauna y de construcción de soberanía del territorio muy innovadora para la época, ya que solo Estados Unidos y Canadá tenían un sistema de áreas protegidas- en una zona que estaba en conflicto limítrofe con Chile para dar por finalizada, con esta estrategia, la disputa. Francisco Moreno ya contaba con antecedentes de este orden ya que en 1888 fundó el Museo Arqueológico y Antropológico de La Plata al que le donó toda su biblioteca y también su colección de piezas históricas en esta misma línea soberana y además participó, justamente como perito, en una disputa que le permitió al Estado argentino hacerse de varios kilómetros de territorio frente al tribunal arbitral británico. Pero las proyecciones mentales del perito Moreno se cruzaron con la Antártida cuando fue anoticiado de que la expedición científica sueca dirigida por el geólogo Otto Nordenskjöld, a bordo del buque ballenero Antartic comandado por capitán Carl Anton Larssen, había partido de Gotemburgo el 17 de diciembre de 1901 con destino a la Antártida y tenía previsto hacer una escala en Buenos Aires para juntar provisiones. La visión estratégica de Moreno lo impulsó a negociar que un marino argentino se sume a la expedición: el alférez entrerriano José María Sobral.

Las vicisitudes del clima extremo y las trampas de la historia hicieron que el navío Antartic primero quedara atrapado en el hielo y luego se hundiera, quedando así sus tripulantes divididos entre Bahía de Esperanza –lugar donde hoy está base antártica homónima–, y en la isla Paulet. Perito Moreno escribió una nota en el diario La Nación advirtiendo a la comunidad internacional de este naufragio y gestionó junto con el presidente Julio Argentino Roca el rescate de los náufragos que fueron los primeros en invernar en la Antártida. Así es que se envió a la Corbeta Uruguay comandada por el entonces teniente Julián Irízar que finalmente rescató a los tripulantes junto a los perros sobrevivientes y los llevó de nuevo al puerto de Buenos Aires en diciembre de 1903.

Este primer rescate en la Antártida construyó en el imaginario del continente blanco que no era un lugar tan lejano y que se contaba con la infraestructura para sostener un tráfico regular. Por esto es que el perito Moreno, con el aval del presidente Roca y mediante la construcción de alianzas con marineros de otros países, diseñó un plan estratégico de la presencia permanente en el continente antártico. 

Y así fue que el 22 de febrero, fecha en la que conmemoramos el día de la Antártida argentina, de 1904 pasó a manos argentinas la primera base permanente en la Antártida: la Base Orcadas. Esta base fue la primera de la historia y es el antecedente de la presencia humana de carácter estable más antigua del continente. Está en el Istmo de Ibarguren, entre las bahías de Scotia y la Uruguay, en la Isla Laurie, Orcadas del Sur. 

En la Base Orcadas se instaló una oficina meteorológica para estudios del clima y una estafeta postal del correo argentino que dependía del distrito de Río Gallegos. 

Acompañando diversas actividades, la realización de expediciones anuales y el desarrollo de tareas científicas, la Argentina en el año 1942 delimitó el Sector Antártico Argentino -también denominado Antártida Argentina- entre los 5 y 74 grados longitud Oeste, y los 60 grados latitud Sur hasta el Polo Sur. Ese triangulito que solemos tener identificado como nuestro territorio antártico que tiene una superficie de 1.462 millones km². Y a partir de 1951, con la Base Brown y la San Martín, se construyeron un total de 13 bases entre temporarias y permanentes en el continente blanco.

Perón: el hombre que veía el futuro

A Juan Domingo Perón se lo puede discutir ideológicamente pero es muy complicado negar o denostar sus bondades geopolíticas a la hora de configurar el Estado nación argentino, específicamente frente a una agenda occidental que insta a una alineación genuflexa por parte de los países tercermundistas y también, en relación a la evolución o al perfeccionamiento de los estados en el sentido más weberiano del término.

Así como el último Perón que conocimos en la gestión estatal era un Perón ambientalista que había publicado el texto Mensaje ambiental a los pueblos y gobiernos del mundo (1972) y que puso a una secretaria de Recursos Naturales y Ambiente Humano (Yolanda Ortiz) por encima de todos los ministerios, el Perón de su primer mandato fue un estadista que vio en la Antártida una respuesta posible al colapso del capitalismo anunciado con la Segunda Guerra Mundial. 

Perón asumió la responsabilidad de continuar el legado del Perito Moreno y con una serie de proyectos y propuestas diseñó el organigrama que continúa en la actualidad sobre la gestión del territorio antártico compuesto por la Comisión antártica que ya existía cuando asumió su primer presidencia aunque de forma aleatoria y con la creación del Instituto Antártico Argentino. 

Perón reactivó a la Comisión antártica con un decreto que la declaró permanente y la puso a trabajar en el primer documento de su gestión que fue la elaboración técnica de los límites antárticos argentinos con una nominación propia, en español, de los accidentes geográficos que contiene. Este trabajo se inició en 1946 y se publicó en 1947 bajo el título Soberanía Argentina en la Antártida y contenía un prólogo del presidente que cerraba con la siguiente frase: “la Nación Argentina defenderá celosamente su soberanía territorial y, en la discusión pacífica de sus derechos, expresará su voluntad indeclinable de que no se alteren los títulos legítimos que ofrece”.

Con este texto y con la obligatoriedad del mapa argentino con el territorio antártico anexado, se sentaron las bases geopolíticas de la Antártica dentro de un proyecto país delineando particularmente todo lo que respecta a la justificación y confirmación de la soberanía Argentina sobre el territorio antártico. Pero faltaba el plan de gestión sobre ese territorio que solo se dará luego de un encuentro que tiene ecos de leyenda dentro de la historia argentina de la Antártida, tal como supo ser el encuentro entre Belgrano y San Martín en la provincia de Salta. 

En el mismo año de esa publicación, en 1947, se encontraron en la embajada argentina de Bolivia Juan Domingo Perón y el agregado militar Coronel Hernán Pujato. Pujato, un militar de una tradición exploradora ya que se formó en el Regimiento de Infantería de Montaña 16 le expuso a Perón un proyecto estratégico que consistía en navegar «costas adentro» el continente blanco y relevar su topografía hasta el Polo. También incluía el establecimiento de bases, refugios y una población permanente de familias en la Base Esperanza. 

El plan estratégico de Pujato constaba de 5 puntos: 

1º Creación de una institución vinculada exclusivamente a la actividad antártica.

2º Expedición polar a la Antártida Continental Argentina. Establecimiento de una base al sur del Círculo Polar Antártico.

3º Adquisición de un barco rompehielos como instrumento indispensable para el cumplimiento de la política y actividad antárticas.

4º Expedición al mar de Weddell y establecimiento de la Base General Belgrano, a 1200 kilómetros del Polo Sur Geográfico para que sirviera de apoyo a una expedición terrestre al Polo Sur.

5º Colonizar con familias el lugar más conveniente del Continente Antártico, en el cual se construiría un caserío polar.

En 1951 se creó el Instituto Antártico Argentino y el Coronel Hernán Pujato fue designado como su primer director. Fue la primera institución en el mundo dedicada exclusivamente a los temas científicos antárticos y desde entonces replicaron el modelo todos los países que tienen participación en el tratado antártico. En ese mismo año, también a cargo de Pujato, se realizó la “Primera Expedición Científica Argentina a la Antártida”.

Durante los dos gobiernos de Perón se crearon las siguiente bases permanentes y estacionales: en 1947 la base Melchior, en 1948 la base Decepción, en 1951 la base Brown y la base San Martín, en 1952 la base Esperanza, en 1953 la base Cámara, en 1954 el Destacamento Jubany y en 1955 la base Belgrano I.

Los 5 puntos que planteó Pujato se cumplieron todos en tiempo récord salvo el último porque el golpe de Estado llamado Revolución Libertadora que con un bombardeo en la Plaza de Mayo que mató a cientos de civiles e hirió a miles, dio inicio a su gestión y frenó el proyecto. El tratado antártico entre todos los países que reclaman soberanía sobre el continente se firmó recién en 1959 basándose en todos los lineamientos que planteó Perón sobre la exploración antártica salvo por un punto: el de negar la soberanía argentina sobre el territorio. Por eso mismo Perón nunca lo quiso firmar y por eso mismo recién se logró consolidar durante el gobierno de Arturo Frondizi.

Un país acuático

Si hacemos el ejercicio de entrar a la web de Cristina Fernández de Kirchner y poner “Antártida” en la lupita de búsqueda vamos a ver la cantidad de discursos e intervenciones de la ex mandataria en los que se refiere a la Antártida. Tanto en presentaciones expositivas de gestión, inauguraciones, efemérides, como viajes diplomáticos, la Antártida siempre estuvo en su agenda. 

Si bien nació en La Plata, ciudad en la que también estudió abogacía, el encuentro con quien supo ser su socio y compañero, Néstor Carlos Kirchner (oriundo de Río Gallegos, Santa Cruz) la convirtió en prácticamente una mujer patagónica. Y bajo ese aura es que se constituyó su visión romana expansiva y conquistadora hacia el sur. Porque todos sabemos que los patagónicos, pese a que están en el sur, no miran hacia el norte: miran hacia un nuevo sur del sur. 

Desde que fue senadora por la provincia de Santa Cruz en los noventas sus proyectos siempre tuvieron puesta la atención directa o indirectamente, en el fortalecimiento de las áreas protegidas patagónicas, específicamente el Parque Nacional Los Glaciares que se encuentra en Calafate, donde hoy reside. Políticas que también continuó durante sus dos mandatos como presidenta. No olvidemos que el sistema de áreas protegidas fue un proyecto del Perito Moreno, al igual que la ocupación permanente mediante bases científicas de la Antártida y así como Juan Domingo Perón se propuso continuar su legado político, Cristina Fernández de Kirchner asumió el mismo compromiso. 

Pero podemos centrar su visión en lo siguientes hitos: 

  • El impulso de la ley 26.651 en el año 2010 que establece la obligatoriedad del uso del mapa bicontinental en todos los niveles y modalidades del sistema educativo como así también en su exhibición pública en todos los organismos nacionales y provinciales. Es decir el mapa insular en donde se puede ver todo el mar argentino y a la Antártida Argentina. A diferencia del mapa que había impulsado Perón que incluía al Sector Antártico Argentino en un cuadradito abajo a la derecha. No es menor impulsar la proyección imaginaria de la cantidad de extensión que tiene el mar argentino porque duplica en superficie al territorio continental. No es menor que los argentinos veamos desplegado en un mapa que nuestro país efectivamente ocupa dos continentes. Ya es hora de que entendamos que somos un país acuático.
  • La creación de la Secretaría de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes en el Atlántico Sur dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto en el año 2013. Un organismo específicamente dedicado a seguir todo lo que respecta a asuntos diplomáticos sobre la soberanía del Atlántico Sur argentino. Una radio atenta a intervenir cada vez que la palabra Antártida suene en algún lado. 
  • La creación del Museo Malvinas e islas del Atlántico sur ubicado en la Ex ESMA en el año 2014 que aporta a la cuestión pedagógica donde se desarrolla una mirada natural sobre el concepto de soberanía sobre las Islas Malvinas ya que tienen la misma geografía, flora y fauna que la patagonia argentina. No olvidar que en las Islas Malvinas los kelpers tienen un cartel que dice: “Aquí empieza la Antártida”.
  • El impulso de la creación del Sistema Nacional de Áreas Marinas Protegidas (SNAMP) mediante la Ley 27037 en el año 2014. Ya en el 2013 impulsó la creación del Área Marina Protegida Namuncurá – Banco Burdwood, la primera área marina por fuera de la jurisdicción provincial. Es decir que no está en una costa, como otras varias áreas protegidas, sino que está en medio del Mar Argentino y específicamente en el Atlántico Sur: la zona de mayor disputa. Al mejor estilo del Perito Moreno, Cristina construyó un territorio soberano sobre el mar evitando, así, que sobre esa zona se pueda realizar cualquier tipo de explotación y, además, promoviendo una conexión entre los dos continentes que conforman nuestra nación. Con el SNAMP la Argentina se consolida como un país acuático.

Hay muchas cosas más desde la gestión y desde lo discursivo donde Cristina Fernández de Kirchner deja asentada su visión expansionista hacia el sur continental, insisto, basta con buscar en su web, pero, y esto tiene que quedar bien claro, desde la recuperación democrática no hay ningún mandatario que haya tenido tan presente en su gestión a la Antártida como Cristina Fernández de Kirchner a lo largo de sus dos mandatos. 

Nobleza obliga y es necesario decir todo. Sólo 5 presidentes fueron a la Antártida y Cristina al igual de Perón no están entre ellos. Resulta extraño por la naturaleza de sus proyectos políticos con foco en la construcción de soberanía y con la Antártida como bandera. En cambio, el único presidente que fue dos veces y una de ellas pasó Nochebuena en la base Marambio para brindar junto a 80 efectivos militares, fue Carlos Saúl Menem.

Para cerrar un dato cholulo. El 21 de enero de 2020 Cristina Fernández de Kirchner volvió a ser presidenta (en este caso interina) luego de más de mil quinientos días. El entonces presidente, Alberto Fernández, realizó su primer viaje al exterior, concretamente a Israel, y entonces Cristina recibió a la prensa en su despacho del Instituto Patria durante la firma del traspaso. De esa cobertura quedaron algunas fotos donde se la ve sonriente en un austero escritorio standard de oficina y abajo del libro de actas que firmó, se puede ver en la cima de una pila de libros a La Pugna Antártica el libro de Pablo Fontana publicado en el 2018.

Un fin de semana en la Antártida

Siguiendo esta línea modernista de la extensión estatal como un ejercicio de conquista, y de la construcción teórica de un desierto imaginado para abordar lo desconocido y luego poblarlo; teniendo en cuenta, primero, La campaña del desierto de Juan Manuel de Rosas y luego La conquista del desierto de Julio Argentino Roca la pregunta obvia es ¿cuál es el próximo desierto que debemos conquistar? La respuesta sigue estando en el sur y es la Antártida.

A principios de la década de los ochentas mientras se empezaba a tejer, como solía decir Fogwill, el “plan cultural de la democracia”, el Comando Conjunto Antártico le solicitó al arquitecto argentino Amancio Williams el diseño de una ciudad en la Antártida. El proyecto fue trabajado durante 3 años, del ochenta al ochenta y tres, que fue cuando donó los planos a las autoridades. Dicha ciudad, la primera de la Antártida, estaba construida a 2.40 metros de altura, se abastecía con energía eólica, tenía escuela, hotel, restaurantes, anfiteatros para convenciones y estaba pensaba para una población permanente de familias jóvenes con hijos y para un circuito fluctuante de turistas. 

Si vemos los planos del proyecto rápidamente vamos a emparentar esa arquitectura con todas las referencias que tenemos de la exploración espacial y la ciencia ficción. Es una ciudad propia de la colonización espacial. Tranquilamente podría estar proyectada para la luna o para el planeta Marte.

Algo que suelen decir los funcionarios del Comando Conjunto Antártico, es que los militares se equivocaron al instalar a lo largo de los años, la idea de que la Antártida está lejos. Que llegar al Sector Antártico Argentino es caro, demanda mucha logística y además que es un territorio hostil por las inclemencias climáticas. En realidad el norte argentino del continente antártico tiene el mismo clima que Ushuaia donde, en verano, se puede salir al exterior con mangas cortas. Y además, está cerca. Mucho más cerca que la mayoría de los países que reclaman territorio allí. Y la cercanía o la lejanía en un país tan grande como el nuestro es siempre algo “conceptual”.

Nuestra historia con la Antártida es una historia de aventureros de fines del siglo XIX y principios del XX: Melville, Mark Twain, Mansilla, Borges, Lugones. Tenemos casi un millón y medio de kilómetros que tienen montañas, lagos, petróleo, minerales, frutos de mar y millones y millones de toneladas de agua potable en estado sólido. Hay mucho por hacer, descubrir, diseñar e imaginar en la Antártida. La Antártida es la última épica posible en un mundo donde ya no se la requiere. Todos tenemos que flashear con la Antártida. Imaginar unas vacaciones inolvidables mirando auroras boreales y pingüinos emperadores. Trepando picos y haciendo trekking. Pasando un fin de semana romántico dentro de un domo mirando las estrellas plantadas en ese cielo acuoso y extraterrestre. Presenciando la anormalidad del sol hundiéndose y luego volviendo a salir a los minutos. Tenemos que ir a terminar la cursada de una licenciatura en la Universidad Nacional Antártica. No importa si te gusta el frío o no. No es necesario que seas alpinista. No tiene sentido tu ideología, tu club, tu religión, tu etnia o tu orientación sexual. Acá lo importante es entender que si no lo hacemos nosotros, lo van a hacer otros.

 

 

Arte de portada: Juan Soto

Autor

  • Carlos Godoy

    CABA
    Nació en Córdoba en 1983. Es escritor, periodista y curador. Publicó los libros Escolástica Peronista Ilustrada (Interzona, 2012), Jellyfish (Tusquets, 2019) y La limpieza (17Grises, 2022), entre otras publicaciones.

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  • Carlos Godoy

    CABA
    Nació en Córdoba en 1983. Es escritor, periodista y curador. Publicó los libros Escolástica Peronista Ilustrada (Interzona, 2012), Jellyfish (Tusquets, 2019) y La limpieza (17Grises, 2022), entre otras publicaciones.

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