Artículo
Reseña del nuevo libro de Juan Ruocco
Ranas, extremistas de derecha y otros memes
Por: Nicolás Canedo, Lucas Bullones
¿Qué duda cabe de que los memes son unos de los grandes protagonistas de nuestra cultura actual? Como ocurrió también con la publicidad, ya está todo tan plagado de ellos que no siempre nos percatamos de su presencia. Son mayormente digitales pero también se manifiestan o repercuten en otros soportes: indumentaria, juegos de mesa e incluso en nuestra forma de hablar. Cada vez más estudios de comunicación y cultura se interesan en investigarlos porque, como dice Juan Ruocco en su libro, los memes forman redes de sentido. Pero ¿cómo es que conectan desde el humor y la sátira hasta la movilización política extremista?

¿La democracia en peligro? Cómo los memes y otros discursos marginales de Internet se apropiaron del debate público (Paidós, 2023) de Juan Ruocco es un ensayo que complementa el trabajo de investigación y divulgación sobre memes y cultura participativa digital que el autor viene encarando desde hace varios años a través de distintas notas y participaciones en medios. Trabajos anteriores de su autoría como “Lo que aprendí en 4chan/pol durante un año” y “¿La izquierda no puede hacer memes?” tuvieron mucha repercusión y lo posicionaron como uno de los que más saben sobre memes y culturas digitales en los medios de nuestro país. Su conocimiento sobre el tema combina un importante caudal de lecturas (muchas de las cuales Ruocco repasa en el libro) con sus propias investigaciones y (creo yo, lo más importante) el ser él mismo en gran medida un consumidor y habitante del mundo extravagante que nos invita a recorrer a través de esas páginas.

En este trabajo Juan Ruocco reconstruye la historia del fenómeno de los memes a partir de algunos de los casos más conocidos como los ya históricos Rage Comics y los más actuales Wojaks (entre muchos otros), vinculándolo con los foros de Internet, especialmente 4chan, donde muchos de los memes más conocidos e influyentes tuvieron su origen. La relación de este tipo de sitios con la radicalización del discurso de derecha pone a los memes de Internet en un lugar complejo que aviva la pregunta: ¿qué rol tienen estos nuevos artefactos culturales en la reedición de la violencia política y las revitalizadas expresiones de conservadurismo y fascismo que se evidencian en la arena pública contemporánea? El libro aporta muchas ideas en esa dirección.

Lobos sueltos

Al día siguiente del intento de magnicidio contra Cristina Fernández de Kirchner, Juan Ruocco publicó en su Substack una nota titulada “Memes y magnicidio” que tuvo mucha circulación y fue retomada por varios portales de noticias. En ella vinculaba a Sabag Montiel con las subculturas de los foros de internet como 4chan donde símbolos nazis como el que el frustrado asesino llevaba tatuado en el brazo se actualizaban al calor de discusiones extremas y teorías conspirativas en puro estado de efervescencia. La teoría de que Sabag Montiel actuó como un lobo solitario, abonada mayormente por el ala antikirchnerista del debate público (que quiso restarle peso político al atentado) fue discutida por los partidarios de la Vicepresidenta sobre una serie de pistas que conducen a referentes del macrismo así como su usual crítica al clima de hostilidad propiciado por los medios masivos de comunicación.

El texto de Juan Ruocco, que no necesariamente desmiente dichas hipótesis, suma otro complemento de distinto tenor que sirve también para objetar el carácter puramente autónomo del agresor: su pertenencia a colectivos de discusión online y de circulación de ideas donde la acción radical y violenta no sólo es considerada una forma legítima de participación sino que además es promovida y celebrada.

Se trata, no obstante, de un tipo de pertenencia más compleja y difusa, ya que apunta hacia grupos descentralizados, es decir, sin organizaciones que los nuclean, sin jerarquías ni líneas de mando (y por ende a procesos sobre los cuáles es mucho más difícil intervenir desde el punto de vista político). En ese aspecto es que se evidencia el carácter cultural de un fenómeno más complejo que excede el atentado contra la Vicepresidenta. Estamos hablando de entornos y dinámicas sociales que fomentan y producen sujetos y participaciones políticas de carácter violento que atentan contra muchas de las normas básicas de coexistencia ciudadana y democrática.

En ¿La democracia en peligro? se vuelve a tocar el episodio de Sabag Montiel. Pero este no es el único supuesto lobo solitario del que trata el libro. Aparecen otros casos, como el del terrorista noruego de extrema derecha Anders Breivik, que en 2011 detonó un camión con explosivos frente a las oficinas del Primer Ministro de su país, donde causó ocho muertos. Acto seguido, Breivik, disfrazado de policía y armado, acudió a un campamento de jóvenes del Partido Laborista y mató a sesenta y nueve asistentes. Las razones de su accionar, enteramente políticas, fueron declaradas por Breivik en un manifiesto que circuló en los mismos entornos digitales donde tiempo más tarde proliferaron memes y expresiones celebratorias de su persona, así como también de otras figuras que se manifestaban de forma violenta contra entelequias que fueron ganando terreno en el imaginario de estos públicos tales como el llamado “marxismo cultural”, la corrección política o teorías conspirativas como las del “gran reemplazo” y el “genocidio blanco”, entre otros monstruos que alarman a las nuevas derechas.

El libro repasa también el caso de Brenton Tarrant, de características similares al de Breivik, en el que el terrorista intentó transmitir su masacre (de móviles más bien religiosos) por Twitch, como una verdadera performance mediática. El mismo combo de manifiestos en foros (en este caso el análogo de 4chan, y aún más cruento, 8chan), celebraciones por foristas, teorías conspirativas y, por supuesto, memes se hacen presente también en este episodio.

En 4chan, 8chan, Reddit y otros espacios digitales de socialización se fueron formando colectivos de usuarios –mayormente hombres cis heterosexuales blancos– que comparten informaciones sobre la premisa conspiranóica de que la verdad se encuentra oculta a la sociedad en general por algún complot y que estas comunidades son las únicas capaces de develarla (una estructura narrativa típica de teorías conspirativas). Haciendo alusión a una escena clásica de la película de culto Matrix, las personas en estos sitios (que en su mayoría permanecen en el anonimato) piden “red pills” (píldoras rojas) para ver las cosas tal cual son. Se trata de un slang para pedir datos o información que devino rápidamente en meme, con miles de imágenes que intervienen fotogramas originales del filme. Este es un primer ejemplo de los tantos que el libro ofrece sobre cómo los memes están moldeando la comprensión, el discurso y la acción sobre lo real en nuestras sociedades contemporáneas.

Los memes como replicadores de ideas

Pero, ¿acaso los memes no son simplemente imágenes divertidas y precarias que nos comparten en los grupos de WhatsApp o en redes sociales? Para entender la relación de los memes de internet con la creación de comunidades online de pensamiento radicalizado y conspiracionista es necesario aclarar qué son los memes, algo a lo que Juan Ruocco se dedica con bastante detalle en la primera parte de su libro. En ella el autor reconstruye la línea teórica que va del trabajo original de Richard Dawkins titulado “Memes: los nuevos replicadores” en su libro El gen egoísta de 1976 al trabajo de 2013 de Limor Shifman Memes en la cultura digital, pasando por las apropiaciones del concepto original de Dawkins por parte de pensadores como Daniel Dennet y Susan Blackmore.

Para este marco teórico, que Ruocco adopta en su análisis, grosso modo, los memes son soportes materiales para ideas que se replican de mente en mente y que moldean así el pensamiento a gran escala. El planteo original de Dawkins –anterior a internet– entendía que cualquier cosa que se replica por imitación es un meme: invenciones, melodías musicales, refranes populares, etc. Se trata de un concepto elaborado por un biólogo para explicar comportamientos culturales, una idea que podría escandalizar a la antropología pero que ha cobrado tal dimensión social que se ha vuelto de muchísima relevancia.

El concepto de meme, así entendido, decantó en jerga común de la primera internet para referir a mucho del contenido que allí se propagaba. Shifman, que proviene del campo de la comunicación, si bien advierte las dificultades del concepto para explicar la cultura entiende también que hay algo inherente al modo en el que circula la información y se vinculan las personas en internet que privilegió al concepto de meme como metalenguaje común para mucho de lo que allí ocurre, llegando así a la definición de meme de internet que Ruocco retoma en su trabajo: un conjunto de elementos que les usuaries producen, circulan y transforman, que comparten cualidades de forma, contenido y postura. Este último concepto (“postura”) interesa particularmente al autor, ya que refiere a los modos en los que las personas se posicionan con respecto a un contenido, tanto política, intelectual o emocionalmente.

¿Pero es joda esto?

Uno de los primeros casos que cita el libro (y que está privilegiado en el diseño de tapa) es el de la rana Pepe (Pepe The Frog), un personaje de caricatura que en 4chan se usaba de manera recurrente para expresar alegría o tristeza. Nada del otro mundo, ¿no? Como cuenta Ruocco, cuando este meme escaló fuera del nicho de anons (jerga para referirse a usuarios del foro) y empezó a ser utilizado por celebridades y personas públicas (lo que podríamos decir “normies” o “básicos”) empezó la segunda etapa de la transformación memética de Pepe en la que se producían imágenes del personaje en las que este incurría en acciones y declaraciones nazis, fascistas, xenófobas y racistas.

Con el objetivo aparente de simplemente provocar y ofender a ese gran público neófito, el uso irónico de esta simbología hacía algo aún más relevante que propagar el ícono chanero: exhibía una forma muy particular y compleja de encuadrar las expresiones y opiniones en las redes y espacios digitales. Se trata de un estilo de metacomunicación (que el autor a menudo denomina como metairónico) en el que no solamente no se distingue cuándo alguien habla en serio o en broma (for the lulz, los LOLs como decían estas comunidades) sino que esa indefinición deja de ser una falla de la comunicación y se convierte en su razón de ser. Así lo plantean también autores como Ryan Milner y Whitney Phillips (cercanos teóricamente a Limor Shifman) que han coescrito un libro titulado, no casualmente, La internet ambivalente. La ambivalencia deviene así en un activo metacomunicacional que permite a las personas re-posicionarse muy fácilmente en lo serio y en lo lúdico según la necesidad de cada intercambio o discusión online (y, consecuentemente, no tener que afrontar responsabilidades de ningún tipo por el contenido de sus expresiones). Con esto se difuminan los límites entre lo que es y no es decible y vuelven al discurso público enunciados e ideas que hasta hace no muchos años eran considerados aberrantes, ofensivos y dañinos. Toda una caja de pandora que la cultura memética y comunidades de usuarios que se auto perciben en la marginación social (en muchos casos por sus dificultades para transitar de manera satisfactoria lo económico y lo sexoafectivo) abrieron para el resto del mundo y que es, a esta altura, muy difícil, sino imposible, de cerrar.

Esta forma de comunicación se ha vuelto dominante en los intercambios en redes sociales a gran escala y ha dado una importancia sobredimensionada a la figura del troll de internet y sus modos de relacionarse con los datos (decir cualquier cosa, sin importar si se cree en ella o no, si es cierta o no) y sus interlocutores (a quienes se busca meramente provocar, sacar de sus casillas). Tanto así, que la comunidad chanera, como cuenta Ruocco, enarboló a Donald Trump como su referente en el sistema político estadounidense, atención que el ex empresario y por entonces candidato a presidente devolvió adoptando la iconografía de Pepe y el slogan metairónico “You Can’t Stump the Trump” a su comunicación de campaña (que fue, a su vez discutida y problematizada públicamente por su competidora Hillary Clinton).

Hay mucho consenso en el campo de la investigación sobre memes respecto a que la elección de 2011 (en la que Barak Obama fue reelecto) fue la primera “elección memética” debido al gran lugar que ocuparon los memes en la discusión pública, con blogs enteros dedicados a curar producciones satíricas sobre figuras relevantes como el candidato republicano Mitt Romney, el propio Obama o Hillary Clinton (por entonces Secretaria de Estado). Sin embargo, y como señala Ruocco, la elección de 2016 en general y la campaña de Trump en particular mostraron la consolidación definitiva de la influencia de los memes y la actividad en redes en la política. Trump fue el primer presidente electo que basó gran parte de su campaña y su liderazgo en el apoyo de estas comunidades, en hablar su lenguaje y validar sus ideas, como quedó demostrado en la toma del Capitolio al final de su mandato, otro caso que es también analizado en el libro de Ruocco (particularmente en relación a la teoría conspirativa conocida como QAnon).

Los memes se han vuelto así tema de conversación y simbología común de la política y sus públicos. Y es la dirigencia populista de derecha la que lleva la ventaja. El libro repasa también los casos de Bolsonaro en Brasil (cuyos manifestantes realizaron una acción pública muy similar a la toma del Capitolio), Meloni en Italia, Kast en Chile y, por supuesto, Javier Milei, quien tiene una de las cibermilitancias más y mejor organizadas de la política local y ha demostrado gran sintonía y afinidad con sus partidarios en el uso común de contenido memético (que el candidato a presidente por La Libertad Avanza comparte regularmente en sus redes sociales). La llamada “Operación Cocker” de militantes de Milei para convencer a “las señoras pelo de cocker” (caracterización peyorativa de las mujeres mayores de edad, partidarias del macrismo) de que el ex presidente apoyaba al economista liberal es citada en el libro como un caso emblemático de cómo los colectivos online intervienen en lo público a través de la creación y propagación de memes, con estrategias que lindan en la desinformación o que, al menos, traen ambigüedades y ruido a la circulación de datos y noticias.

La noción del meme como replicador, que Ruocco adopta para su análisis, alerta entonces sobre cómo una idea, que puede ser la caracterización puntual de un grupo social, un dirigente o partido político, una política pública o un gobierno, se propaga entre usuarios que comparten contenido que les resulta cómico o provocador, permitiendo así que alcance altos niveles de masividad, incluso a nivel global e impactando en la comprensión social de lo público.

Hay memes y memes

Pero esto no quiere decir que los memes sean necesariamente malos o nocivos. Si bien el libro de Juan Ruocco se enfoca particularmente en su correlación histórica y social con las nuevas derechas, basta recordar otro trabajo de su autoría muy recomendable sobre el meme de la Scaloneta. En su artículo “La Scaloneta: una breve historia memética” de 2021, Ruocco repasa las distintas etapas del chiste popular que expresaba apoyo al director técnico de la selección nacional conforme más y más personas se iban “subiendo” al furor por el equipo hasta su consagración en la Copa América. La idea de la Scaloneta y la metáfora del subirse a ella nacieron como un conjunto de memes que permearon en otros ámbitos de discusión: en Gran Hermano, donde el público afín a Agustín Guardis –alias “Frodo”– se “subía a la Frodoneta”; en la política, donde vimos intentos mayormente fallidos de dirigentes y sus militantes por forzar ese clamor sobre sí mismos (La Santilleta, la Espertneta, la Graboneta, la Wadoneta) y recientemente en el excelente spot oficial de la AFA sobre el mundial Sub 20 en el que literalmente distintas personas se van subiendo al micro de la selección para recibirlo al Chiqui Tapia con el slogan “SUBite”. En estos casos también se muestra el impacto de los memes y de las comunidades online sobre el discurso público que Ruocco rastrea en su libro.

De esto último tampoco debería inferirse que los memes son neutrales y que, dependiendo de cómo se los use, pueden servir a causas que nos gusten más o menos. En ese sentido, el libro de Juan Ruocco (así como sus trabajos previos que, como se notará, recomiendo) da un gran pantallazo general sobre cómo funcionan los memes en tanto que artefactos culturales que permiten una nueva relación entre los públicos, las instituciones y la circulación de ideas, incidiendo así en el proceso de reconfiguración social y política actual.

Este último, si bien no se puede reducir solamente a los memes, se identifica en gran medida con la revolución que ha sido y continúa produciendo internet. ¿La democracia en peligro? es tanto un libro sobre memes como sobre internet, porque, a diferencia de lo que sostienen analistas demasiado apegados a la noción original de Dawkins, el fenómeno de los memes tal y como lo conocemos, lo disfrutamos y también lo padecemos ocurre en internet y por causa de ella, más allá de las repercusiones “afk” (“away from keyboard”, lejos del teclado).

A su vez, el libro de Juan Ruocco se inserta en un sistema de publicaciones recientes que invitan a conocer y reflexionar sobre los cambios en los modos de vincularnos, tanto en el nivel de la sociedad como con la política. No es casual que sus artículos hayan sido citados por trabajos tales como ¿La rebeldía se volvió de derecha? de Pablo Stefanoni (2021) o Troll S.A. de Mariana Moyano (2019), el primero dedicado a explorar el fenómeno de las nuevas derechas, el segundo al de los trolls de internet. Acaso el libro de Juan Ruocco es una excelente pieza intermedia, que ayudará a quien lo lea a enlazar aún más esa trama de problemáticas en la que estamos, queramos o no, bastante enredados.

Quedará en cada lector, cada lectora, cada lectore, definir después cuál es su vínculo con los memes a partir de aquí. Personalmente, como consumidor, entusiasta e investigador sobre memes, creo que estos tienen un gran potencial tanto para la información como para el entretenimiento. Como práctica social, estimulan la creatividad y la imaginación de miles de personas que se vinculan a diario con su producción. Aunque no sean siempre del todo estéticos, los memes de internet pueden ser una forma de arte. Conocerlos mejor y entender en qué círculos ideológicos y políticos se producen no debería desalentar su uso sino darnos herramientas para consumirlos críticamente, del mismo modo en que buscamos ser televidentes, radioescuchas o lectores críticos. Los memes son una parte más de nuestra experiencia mediática cotidiana y por lo tanto mediaciones sobre el mundo. En ellos se cifra también nuestro sentido de la realidad así como nuestras pertenencias culturales, políticas y colectivas. Creo que así lo piensa también Juan Ruocco en su libro. Con él hace un gran aporte para seguir disfrutando de los memes sin caer en sus trampas.

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